Reflexiones sobre la evolución del concepto de integración.
por Marta Ghiotto
Voy a permitirme pedir prestado el título del poema a Mario Benedetti para iniciar un breve recorrido acerca de la historia de la integración en el mundo y fundamentalmente en nuestro país, y al mismo tiempo acompañarla de una reflexión dirigida a todos aquellos que comparten con nosotros esta tarea
Cuando cambia la filosofía del hombre (su naturaleza, sus o objetivos, sus potencialidades, su realización) entonces todo cambia. No solo cambia su filosofía política, económica, ética y su filosofía de la historia, sino también su filosofía de la educación, de la psicoterapia y del desarrollo personal, la teoría acerca de cómo ayudar a las personas a llegar a ser aquello que pueden y necesitan profundamente llegar a ser. Nos encontramos en la actualidad en el centro de un cambio de este tipo en torno a las capacidades, potencialidades y objetivos del hombre. Está naciendo una nueva concepción acerca del hombre y de su destino, y sus implicaciones son muchas, no sólo para nuestras concepciones educativas, sino también para lo que hace a la ciencia, política, literatura, economía, religión e incluso a nuestras concepciones del mundo no-humano”
Maslow, 1972, p. 251- El hombre autorrealizado. Estados Unidos / Barcelona: Litton Educational / Kairós.
Cambio de paradigmas.
El paradigma de la atención a la diversidad ha ido cambiando a través de las distintas décadas del siglo XX. La segregación y desatención de la discapacidad dieron surgimiento a la Educación Especial ; posteriormente se pasó a la Normalización e Integración de las personas en el ambiente menos restrictivo, que finalmente se completó con el concepto de Inclusión educativa, laboral y social de los individuos basada en las modificaciones ambientales.
No podemos discutir que la concepción que dio lugar a la creación de la educación especial fue favorable en ese momento para aquellos con necesidades especiales , ya que implicó la constitución de un profesorado especialmente preparado, la de programas y procedimientos especiales para mejorar los aprendizajes, la búsqueda de materiales específicos, y el propio centro especial.
Este sistema “paralelo” que en principio fue beneficioso y constituyo un avance,ya que implicó ocuparse activamente de los distintos trastornos; comenzó a entrar en crisis cuando las escuelas especiales se fueron convirtiendo en el cajón de sastre que recibía todos los alumnos que el sistema educativo rechazaba.
Esto favoreció y estimuló la postura poco flexible de muchas escuelas comunes; en consecuencia gran parte de los alumnos que por distintos motivos no se adaptaban a la escuela común recalaron finalmente en centros especiales.
Este hecho sobredimensionó a las escuelas especiales, complejizó y dificultó la real aplicación de programas específicos y contribuyó a la marginación.
La situación poco deseada llevó reflexionar a los profesionales de la salud y la educación acerca del concepto de normalización relacionada con integración.
Wolfensberger (1972) escribió que “normalización es la utilización de medios, culturalmente tan normativos cómo es posible, en orden a establecer y/o mantener conductas y características personales que son tan culturalmente normativas cómo es posible”.
De la Declaración de Salamanca (1994) a la actualidad.
Esta concepción toma forma definitiva cuando más de 300 asistentes, en representación de 92 países se reúnen en la ciudad de Salamanca, España, entre el 7 y el 10 de junio de 1994, con el fin de promover el objetivo de la “Educación para todos “considerando los cambios fundamentales de la política educativa para favorecer una educación integradora. capacitando a las escuelas para atender a todos los niños, especialmente aquellos que presentaban necesidades educativas especiales.
La conferencia organizada por el gobierno español. con la colaboración de la Unesco congregó a altos funcionarios de educación, responsables de políticas y especialistas, y contó con el aporte de la Naciones Unidas y diversas organizaciones no gubernamentales.
A partir de este momento la legislación de todos los países incorporó definitivamente a sus políticas educativas el concepto de integración.
¿Qué propone este concepto?
Si leemos a Miguel Ángel Verdugo Alonso. Catedrático de Psicología de la Discapacidad y Director del Instituto Universitario de Integración en la Comunidad (INICO) de la Universidad de Salamanca estas son las propuestas que implica:
- Proporciona oportunidades para aprender a todos los alumnos en base a la interacción cotidiana entre ellos.
- Prepara a los estudiantes con discapacidades para la vida y profesión futuras en un contexto que es más representativo de la sociedad.
- Promueve el desarrollo académico y social de los estudiantes con discapacidades.
- Fomenta la comprensión de y aprecio por las diferencias individuales.
- Promueve la prestación de servicios para estudiantes sin discapacidad.
- Para estudiantes “en riesgo”, sin estigmatizarlos.
- Difunde las habilidades de los educadores especiales dentro de la escuela y del curriculum.
Todos aquellos que de una u otra manera estamos vinculados con la enseñanza acordamos plenamente con estas premisas.
Sin embargo la controversia y las dificultades se suceden quince años después de haberse dado a luz el documento:
- ¿Qué sucede entonces?
- ¿Cuáles son las falencias?
- ¿Qué requisitos no se están cumpliendo?
Si seguimos a Miguel Ángel Verdugo Alonso estos serían los requisitos indispensables para su puesta en marcha efectiva:
- Formación adecuada del profesorado.
- Actitudes de los maestros y profesionales de la educación hacia los niños.
- Programas especiales de rendimiento académico que requieren la utilización de técnicas educativas específicas.
- Programas adecuados de adaptación social e interacción con los compañeros sin discapacidad.
Cabe entonces cuestionar como podemos realizar nuestro aporte en cada uno de estos campos, sin los cuales la integración se convierte en una utopía.
¿Integración vs. inclusión?
En los últimos años surge un nuevo concepto aparentemente superador el de inclusión educativa, laboral y social.
El término inclusión se centra específicamente, en las modificaciones del medio ambiente necesarias para lograr la plena integración del individuo con discapacidad.
Estas modificaciones incluyen a las instituciones y a sus comunidades, y se amplían posteriormente con los conceptos de diversidad, multiculturalidad y otros, que plantean diseños diferentes de la escuela y la sociedad del futuro abiertos a todos los individuos.
Ambos conceptos no son contrapuestos sino complementarios.
Los cambios son lentos y difíciles y sin reglas claras, y sin una capacitación específica de docentes tanto comunes como especiales, sin alianzas profesionales compartidas, las posibilidades de fracaso son muy amplias.
La integración e inclusión educativas siguen adelante, a pesar de las dificultades, a pesar de que varias décadas de legislación no han terminado de allanar los obstáculos, y lo hacen porque aquellos que compartimos sus principios entendemos que integrar es una manera de ejercer la docencia en todos los ámbitos y estamos seguros de que brindar igualdad de oportunidades a todos los alumnos es la única manera de modificar un cambio de actitudes de la sociedad hacia la población más desfavorecida por distintos motivos.
Sabemos que la integración y la constitución de ambientes inclusivos enriquecen a todos los que participan de ellos, que bien entendidas y aplicadas mejoran la calidad de la enseñanza en general, porque la búsqueda de estrategias y recursos contribuye a permitir a los docentes un desempeño más creativo de su rol; pero siempre que se encuentren suficiente y adecuadamente capacitados, sostenidos y acompañados. De lo contrario lo viven como un agobio y esto atenta contra su ejercicio de la tarea; entonces sí se hace realidad la profecía autocumplida : “la integración desciende el nivel de enseñanza integrar es nivelar hacia abajo”.
Por ello para continuar integrando con éxito es fundamental constituir equipos, informarse, capacitarse, compartir nuestro convencimiento y convencer a otros.
De lo contrario solo libramos una serie de batallas, que no dejan de ser legítimas, pero que lamentablemente dejan en medio de la contienda al principal protagonista: nuestro hijo o nuestro paciente.
Finalmente quizás parafraseando al poeta podamos reemplazar el verbo cantar por integrar al repetir sus estrofas:
“Cantamos por el niño y porque todo
Cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota
porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta”
Mario Benedetti“.